12. La reforma de la Constitución no nos vacuna frente al déficit o la crisis

Posted on 12 septiembre, 2011

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Hacer de la necesidad virtud en los tiempos actuales y, sin haber recorrido antes el trazado de una verdadera política fiscal común en el marco de la Unión Europea, llevar a la cumbre de nuestro ordenamiento jurídico la restricción del déficit y de la deuda pública no va a representar ninguna vacuna para prevenir los efectos de posibles crisis futuras[1] y, lo que es peor, supedita el ámbito de la respuesta doméstica a decisiones que no forman parte del acervo comunitario y que merecerían, como mínimo, de una amplia reflexión y no su simple acatamiento.

¿Qué pasará si el nuevo artículo 135 de la Constitución se incumple? Posiblemente nada, como tampoco ocurrió con los instrumentos normativos previos a la reforma, tanto europeos como internos[2]. El propio presidente del Consejo de la Unión Europea, aún bendiciendo la constitucionalización operada en España y el saneamiento de las cuentas públicas, declaró que “los gobiernos pueden tomar esta medida sin necesidad de que haya un artículo específico en la Constitución”[3].

Admitamos, no obstante, el desempeño de un efecto anuncio de la reforma, rebajado en todo caso por la propia confesión del Presidente Zapatero en el debate que sirvió para anunciarla: “Todos sabemos que no va a arreglar —ojalá— el problema del empleo ni la crisis que tenemos, pero es una buena señal y es un buen camino”[4].

Pero ni la reforma era jurídicamente necesaria, ni tampoco creemos que sea ese el camino adecuado para afrontar los desafíos políticos y económicos del presente[5]. Ni tan siquiera se puede convenir en que, a partir del momento de su publicación oficial, tendremos implantado, como por arte de magia, el sistema de estabilidad presupuestaria[6], pues falta ver el desarrollo que se realice para alcanzar su cumplimiento en 2020. Además, habría que pensar si el déficit público y el nivel de endeudamiento alcanzado por nuestro país significa el principial problema económico de España, más allá de la baja competitividad, nuestro raquítico crecimiento y los problemas de capitalización del sistema financiero[7].

El miedo a los números rojos, como ha asegurado Krugman, es un prejuicio; “en tiempos normales está bien preocuparse por el déficit presupuestario, y la responsabilidad fiscal es una virtud que tendremos que volver a aprender tan pronto como la crisis quede atrás. Sin embargo, cuando prevalece la economía de la depresión, está virtud se convierte en un vicio”[8].

El acuerdo bipartidista precipitado en los últimos días ha hecho que la Constitución prometa ahora la estabilidad presupuestaria, la contención del déficit y un endeudamiento soportable, pero también promete trabajo digno, protección de la salud, promoción de la ciencia y la investigación, vivienda adecuada y muchas cosas más que no encuentran, hasta el momento, una eficaz materialización, añadiendo un nuevo talón de Aquiles a nuestro sistema[9], a costa de ratificar el equilibrio asimétrico de la gobernanza europea[10].

Pero el telón de la reforma ya se ha echado. Y tras las próximas elecciones habrá un nuevo gobierno que tendrá que continuar lidiando el temporal con la debida diligencia que muestran otros ejecutivos de los diversos países en la defensa de los intereses de los mercados. No se piense que quiero que se desentierre y sacuda el polvo de un vetusto manifiesto. Sólo nos haría falta contar con verdaderos políticos, que mostraran su capacidad de dirigir los intereses públicos y que no se comportaran como simples administradores del aprovechamiento privado, cerrando esa persistente puerta giratoria que comunica los poderes económicos y financieros con los responsables y asesores económicos de los gobiernos[11].

¡Ah!, y si de puertas se tratara, como después de la reforma de la Constitución se está, machacona y sin probables efectos perniciosos para sus eventuales destinatarios, insistiendo en que “el Gobierno mantiene abiertas todas las opciones sobre los impuestos a los ricos”[12], simplemente añado, para acabar, la recomendación de que pronto las cierren o todos encontrarán fuera un puerto seguro.


[1] En sentido contrario, Pérez Royo, Javier: “La reforma constitucional en perspectiva”, ya citado, estima que la constitucionalización de la estabilidad presupuestaria es una exigencia de supervivencia de la Unión Europea.

[2] Vid. La Vanguardia (Editorial): “Equilibrio presupuestario constitucional”, ya citado; también De Velasco, Luis: “Reforma constitucional rechazable en forma y fondo”, ya citado.

[3] Vid. EL PAÍS: “Van Rompuy dice que el tope al déficit ‘es un plus pero no es necesario'”, El País, 31 de agosto de 2011.

[4] Vid. Diario de Sesiones del Congreso de los Diputados, n.º 268, correspondiente a la sesión celebrada el martes 23 de agosto de 2011, p. 29.

[5] Vid. Punset Blanco, Ramón: “La economía, en manos del TC”, ya citado.

[6] Vid. RUBIO, Macarena Elvira: “El Estado social y un techo de gasto según PIB en la Constitución son incompatibles”, ya citado; también García Montalvo, José: “La democracia derrota a los mercados”, ya citado.

[7] Cfr. BORRELL, Josep: “Medidas simbólicas, problemas reales”, ya citado.

[8] Cfr. KRUGMAN, Paul: “La economía de la depresión”, en El País (Negocios), 23 de noviembre de 2008, p. 7.

[9] Vid. Trueba, David: “Aquiles”, en El País, 4 de septiembre de 2011.

[10] Cfr. Baylos, Antonio: “Golpe de mano”, ya citado.

[11] Vid. Navarro, Vicenç: “Entrevista al profesor Navarro sobre el pacto PSOE-PP”, ya citado.

[12] Vid. Mogica Costa, Pascual: “Manosean la Constitución”, en Nueva Tribuna, 29 de agosto de 2011.

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